Educación Sudbury

Por fin niños libres y felices!!!

* De Paseo por los Terrenos de la Escuela Imaginada

DE PASEO POR LOS TERRENOS DE LA ESCUELA IMAGINADA
George Dennison, Vidas de niños (1969)

George Dennison cuenta la historia del Primer colegio callejero. Durante los años sesenta, en Nueva York, se produjo un debate en torno al problema educativo; un núcleo de maestros y pensadores interesados en la educación intentó complementar su trato profesional con los niños a través de reflexiones que intentaban abordar el problema del fracaso escolar replanteando el propio papel de la escuela y su relación con la educación.

Dennison y sus compañeras establecen el Primer colegio callejero en un barrio neoyorquino con alta tasa de inmigración, principalmente puertorriqueña. «Cuatro características diferencian este colegio de otros: con un coste por alumno semejante al de cualquier escuela pública, el colegio callejero, de pequeño tamaño, ofrece una relación maestro/alumno extraordinariamente alta; la vida en el colegio se vertebra en torno a dos elementos fundamentales: la libertad individual de alumnos y profesores y el convencimiento de que, frente a la mera instrucción y el sitio físico, el corazón de esta escuela reside en su carácter como caldo de cultivo de relaciones entre personas [...] entre niños y adultos, adultos y adultos, niños y otros niños».

Los niños, personas, son los verdaderos protagonistas de la vida de este lugar. «Aprender es algo fácil cuando tienes preguntas y los sentidos afinados. De forma convencional, aceptamos, sin embargo, que aprender es una tarea dura y sacrificada». Dennison está convencido de que las preferencias de los chicos se encuentran muy cerca de sus verdaderas necesidades, por tanto, la tarea educativa se convierte principalmente en una tarea de escucha y de disponibilidad. La mayor parte de la energía de los chicos y de las chicas se quema en sus sistemas de autodefensa frente al entorno.

Dennison se concentra sobre todo en su relación con José, un muchacho puertorriqueño que ha sido expulsado de todas las escuelas públicas a las que ha acudido, que con unos doce años no sabe leer ni escribir en inglés pero que con siete años, a su llegada a Estados Unidos hablaba, escribía y leía fluidamente en castellano; él se encargaba de escribir y leer la correspondencia entre su madre y su familia, aunque ahora, por supuesto, eso lo ha olvidado.

«[...] y cuando se dio cuenta de que podía rechazarlo, de que podía negarse completamente, de que podía terminar con la clase, podía cambiar su rumbo, podía insistir en algún otro tema; asumimos de forma natural nuestro interés mutuo en su desarrollo. Nos hicimos colaboradores en la empresa de la vida [...] Lo que él realmente valoraba era lo siguiente: un adulto, con una vida propia, estaba deseando enseñarle [...] abandonó sus patéticos gruñidos y se aventuró a decir “no lo sé”. Una vez descubrió que decir tal cosa era seguro, casi comenzó a lamentarse, y desde este punto comenzó a avanzar, de forma muy lenta, hacia una noción totalmente nueva, básicamente, que el aprendizaje era un proceso, una experiencia: comenzabas en la oscuridad y acababas en la luz».

Sobre la escuela convencional Dennison explica lo siguiente: «lo que llamamos orden, en este contexto, no merece ese nombre; no contribuye a la relación coherente entre las partes y el todo sino a la simple supresión de las diferencias vitales [...] no podemos educar a los niños en la libertad tratándoles como pequeños robots; no podemos producir adultos democráticos encorsetándoles y colocando todas las decisiones en manos de las autoridades. Tampoco podemos construir el prestigio moral del colegio basando toda la institución en un acto de fuerza como el que supone la asistencia obligatoria».

Por tanto, vuelve en este caso a la palestra el miedo. El terror de los alumnos es su principal obstáculo para el aprendizaje. Cuando descubren que los adultos son verdaderamente compañeros en su viaje, que no deben avergonzarse, las relaciones tienden hacia la sencillez, se hacen más directas y más honestas. «La pregunta ¿quién soy yo? pertenece enteramente a la pregunta ¿quién eres tú? No son dos cuestiones separadas, son un solo hecho indisoluble».

En paralelo a la disolución de las barreras entre grupos de edad, curiosamente, se produce el proceso de entender que los niños necesitan mucho tiempo para ellos mismos, para aprender unos de otros, para construir entre todos un entorno social, sin la intromisión ni la supervisión de los adultos.

Más allá de la discusión sobre la escuela, Dennison tiene muy clara una cosa: «compartíamos el mundo con ellos, y esto permitía ver la escuela de una forma nueva, más sana y realista». Es decir, más allá de la tarea de la educación, alumno y profesor son dos personas que comparten una relación y un lugar. Él entiende que la solución a los problemas planteados en la escuela primaria se encuentran fuera de esta institución: son problemas eminentemente comunitarios. La construcción de la escuela no es por tanto algo que concierna sólo a niños, sino también a adultos. La pregunta no es «cómo podemos mejorar nuestros colegios», sino «cómo podemos educar a nuestros jóvenes». En el último capítulo del libro, citando a Paul Goodman y a Elliott Shapiro, Dennison propone su respuesta a la escuela pública: los mini-colegios, escuelas de pequeño tamaño, repartidas por todo el tejido de la ciudad, y en las que se implican los distintos tipos de personas que habitan un lugar: los adultos en general, los padres, los estudiantes universitarios, las personas mayores… «son los intereses vitales de las personas que habitan la comunidad, y deben manifestarse a nivel comunitario. Es esencial que los miembros de la comunidad tengan la capacidad de hacer este trabajo, financieramente y a través de la formación, puesto que cuanto más nos acerquemos a los hogares y los barrios de los chicos, más auténticas y más correctas serán las motivaciones de aquellos que trabajan con los jóvenes [...] La autoridad debe residir en lo comunitario; debe ser local, doméstica, modesta y sensible». Esto no quiere decir que cada abuela eduque en exclusiva a sus nietos. Quiere decir que la resolución de los problemas de la escuela se encuentra fuera de la propia escuela, en la ciudad, en el mundo y el entorno; más que transformar la escuela deberíamos pensar en transformarnos a nosotros mismos y en insertarnos como piezas fundamentales en la ecuación educativa.

Dennison nos habla de Leo Nickolaievich Tolstoy, que hace ya más de cien años, en Rusia, acometió una experiencia semejante; él pensaba que a la escuela tan sólo le faltaban los aspectos esenciales: una relación de trabajo en colaboración entre alumnos y profesores y un lazo vital con la realidad.


SOBRE EL ARTICULO
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Publicado en el Boletín de la Biblioteca CIUDADES PARA UN FUTURO MÁS SOSTENIBLE, Boletín No. 26, Edición del 21-06-2004. http://habitat.aq.upm.es/boletin/n26/nlib2.html

El Boletín de la Biblioteca CIUDADES PARA UN FUTURO MÁS SOSTENIBLE es una publicación trimestral que recoge diversos artículos, habitualmente sobre un tema central, además de aportaciones de lectores, cartas recibidas, noticias, libros recomendados.

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