Educación Sudbury

Por fin niños libres y felices!!!

* “Ética” Es Un Curso Que Nos Enseña la Experiencia de la Vida

“ÉTICA” ES UN CURSO QUE NOS ENSEÑA LA EXPERIENCIA DE LA VIDA

Por Daniel Greenberg
Traducción por David Rovner

La proposición de que se debe enseñar moral en nuestras escuelas públicas ha sido vigorosamente discutida en las páginas del Middlesex News, especialmente desde la publicación de la convincente columna de Nick Sánchez sobre el tema.

Antes que nada, es importante comprender que en la forma en que las escuelas públicas están construidas hoy en día ciertamente indoctrinan a los alumnos en un espectro completo de valores, que esta incluido en un bien definido molde de comportamiento. La indoctrinación es explícita, y el seguimiento es exhaustivo. En realidad, mucho se ha escrito sobre este tema en estos días, la mayor parte en forma crítica.

Por ejemplo, las escuelas enseñan el valor de la obediencia a la autoridad, obediencia incuestionable y absoluta. Ellas sermonean conformidad, y la apoyan con una batería asombrosa de exámenes estándar los cuales son administrados en todo el país a todos los niños de todas las edades. Ellas imprimen indeleblemente el valor de la competencia, y la actitud concomitante de que “las buenas personas terminan las últimas“. Ellas desprecian y suprimen los valores de la individualidad, libertad, tolerancia, e igualdad.

Yo puedo oír el coro de objeciones de educadores del sistema público de educación, clamando que no tengo idea de lo que pasa en realidad, etc. etc. Pero los lectores de este artículo, niños, y adultos, saben que lo que estoy diciendo es exacto y, en último caso, disminuido. Y uno de los mejores representantes de la educación pública, John Gatto, Maestro del Año de 1991, en un discurso público importante que dio recientemente, esto era lo que tenia que decir: “La verdad es que las escuelas no enseñan en realidad nada excepto como obedecer órdenes“.

Indudablemente, lo que Nick Sánchez y otros recomiendan es el enseñar otro grupo de valores, mas de su preferencia. Dr. Sánchez menciona, como ejemplos, las enseñanzas morales de Jefferson y Moisés Mendelson; otros críticos tienen otras preferencias. Es difícil criticar cualquiera de estas elecciones, pero el punto importante es que la mera idea de “instruir” a los niños en cualquier grupo de valores en la escuela no tiene base. La gente no aprende valores por medio de enseñanza en las clases. En el mejor de los casos, los niños ven estas enseñanzas aburridas e irrelevantes; en el peor, las tratan como un odioso sermoneo.

El sistema educacional favorito del Dr. Sánchez, el de los japoneses, prueba el punto. El tiene bastante razón cuando dice que “lecciones de moral son parte integral de la educación japonesa“. Uno se pregunta, sin embargo, cual es su efectividad. Aun pese a esto, el comportamiento de los japoneses durante la primera mitad del siglo pasado, en el transcurso de la Guerra Mundial II, no llevaría a nadie a mencionarlos como modelos de comportamiento moral. Y no estoy muy seguro si yo no haría eso mismo hoy en día. Incidentalmente, el otro país que hace mucho fue conocido por la excelencia de su educación en filosofía y ética, por más de un siglo, fue Alemania. Suficiente se ha dicho.

Lo que me lleva a un tercer y último punto: antropólogos y filósofos hace ya un tiempo que han observado que la forma en que se transmiten valores éticos a los niños es por las acciones diarias, por parte de modelos en el papel de adultos y por parte de los niños. Por eso es que la familia es el epicentro de la educación moral: los niños están expuestos constantemente al comportamiento de sus padres y hermanos, y absorben por medio de la imitación y la conceptualización del marco moral que es la base de las acciones de sus “mentores”. Y, en el marco de la casa, los niños están constantemente envueltos en acciones que ellos y sus familias evalúan en términos morales.

La única forma en que las escuelas pueden convertirse en abastecedores significativos de valores éticos es si proveen a los alumnos y adultos de experiencias de la vida real que llevan consigo sentido moral. Experiencias de este tipo están notoriamente ausentes de las rutinas diarias de las escuelas públicas hoy en día. Ellas incluyen, por ejemplo, alumnos que ejercitan el juicio en asuntos que traen consigo consecuencias, como reglas de la escuela y disciplina. Podría seguir largamente dando ejemplos, pero el punto es simple, y necesita poca elaboración: para enseñar moral a los alumnos, ellos deben tener oportunidades de elegir entre cursos de acción alternativos que tienen diferente peso moral, y se les debe permitir evaluar y discutir los resultados de esas elecciones.

Las escuelas se verán envueltas en la enseñanza de la moral y de los valores cuando se conviertan en comunidades de personas que respetan plenamente el derecho mutuo de hacer elecciones. Esto quiere decir que a ambos, alumnos y maestros, se les debe dar poder en tal medida que presentemente no ha sido en visionada por educadores profesionales. Hasta que la entrega de tal poder tome lugar, los valores que enseñan las escuelas estarán en conflicto agudo con aquellos que la mayoría de los reformadores quisieran ver enseñados a la juventud en una sociedad democrática.

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Referencia:
”Ethics” is a Course Taught By Life Experience”, EDUCATION IN AMERICA — A View From Sudbury Valley, Daniel Greenberg, The Sudbury Valley School Press, 1992. Traducción del inglés, David Rovner.
Foro Internacional de Educación – Grupo MSN

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