Educación Sudbury

Por fin niños libres y felices!!!

* Jugando ES que Aprenden

JUGANDO ES QUE APRENDEN
Por Antonio E. Amador

Jugar es esencia natural del hombre.” -Platón

Dicen que la naturaleza es sabia. Difinitivamente lo creo así. No en el sentido de que tenga una conciencia, sino que el proceso de formación y evolución por tantos millones de años ha perfeccionado toda manifestación de lo que llamamos vida para la continuación lógica de cada especie. El juego es parte de este conjunto de manifestaciones, comportamientos, que en los animales más avanzados tiene una función vital en su supervivencia. De hecho, estudios observan que las especies que muestran más inteligencia son también las que más juegan. Mediante el juego los jóvenes de muchas especies van perfeccionando sus destrezas motoras, van desarrollando las destrezas de la cazería, defensa o escape, además de que van aprendiendo importantes lecciones sociales para su propio beneficio así como para la sana convivencia en su grupo.

Los seres humanos no son una excepción. Todo lo contrario; siendo el animal de mayor inteligencia, y el de más duradera juventud (más lento proceso de maduración), el juego es esencial para su supervivencia. El juego ES el mecanismo principal para el aprendizaje principalmente desde la infancia hasta la pre-adolescencia (en los adolescentes la conversación ocupa su lugar). A través del juego el niño suple todas las necesidades descritas anteriormente (desarrollo motor, aprendizaje de destrezas de supervivencia, desarrollo de destrezas sociales) pero da un paso más allá al abrir un mundo de posibilidades con el uso de la imaginación y la creatividad que ha llevado al ser humano por el camino de la innovación a través de su historia.

Desafortunadamente nuestra sociedad, y en particular, el sistema educativo predominante, ha pretendido suprimir el juego, tomándolo como una actividad secundaria, hasta superflua para nuestros niños y así adentrarlos directamente en el supuesto mundo serio de los adultos. Prueba de ello son las 5, 6 o 7 horas que pasan los niños en la escuela, recibiendo instrucción académica, versus los 20, 30 o 40 minutos de receso para recreación o juego libre. Para agravar la cosa, cargan a los niños de asignaciones para llevar a las casas (¡también le roban el tiempo de juego en las casas, así como el tiempo de compartir en familia!), y también los padres ocupan el tiempo que les queda a sus hijos en actividades extra-curriculares.

Algunos dirán “pero si a mi hijo le están enseñando a través del juego en su escuela.” Cierto, pero no necesariamente es el juego libre que practican los niños naturalmente, sino más bien uno planificado con una finalidad particular. El juego natural ocurre espontáneamente y es un acto placentero en los seres humanos, al igual que comer o tener sexo (otra prueba de su caracter esencial para la supervivencia). El juego natural o libre no tiene una finalidad en sí, a diferencia de el juego dirigido que se utiliza en algunos salones de clases. El juego dirigido, con una clara finalidad en enseñar algo en particular, tiene sin duda un espacio y una utilidad en la formación de los niños, pero no se debe confundir con aquello brindado por la naturaleza como mecanismo de supervivencia y prosperidad.

A través del juego libre un niño se adentra en un mundo social, en un mundo de adultos, sin sufrir consecuencias mayores por sus errores. A través de dicho juego aprenden las complejas destrezas sociales de roles, sensibilidad, respeto y empatía hacia los demás, solución de problemas, control de emociones, bregar con presiones sociales, comunicación efectiva, así como van reconociendo y definiendo sus fortalezas y cualidades personales, defectos y van definiendo su rol en la sociedad. Un clásico ejemplo de este tipo de juego es jugar a “la casita,” donde los niños asumen roles y trabajan con distintas situaciones que simulan el mundo adulto.

Pero el juego no se limita a la niñez. El juego continúa en la adultez y son precisamente aquellos que continúan jugando en la vida quienes tienden a alcanzar grandes logros y grandes satisfacciones en todos los aspectos de su vida. Observe cómo aquellos que han hecho fortunas económicas continúan ejerciendo aquella actividad que lo llevó a eso, cuando ya no hay necesidad en términos monetarios. Estas personas disfrutan lo que realizan, al igual que un niño disfruta el juego en el que está inmerso. Muchos de los grandes descubrimientos en las ciencias, por ejemplo, han ocurrido como consecuencia de un “juego de ideas” y exploración libre (sin certeza alguna en el resultado). El espíritu del juego libre y sus importantes consecuencias en la formación del ser y la humanidad comienza en el juego que efectuan los niños desde pequeños.

Es hora de que la humanidad, inmersa en lo que queda de una estructurada sociedad industrial, comienze a reconocer la importancia del juego libre, no dirigido, en los niños para su desarrollo como seres útiles, sociables, empáticos e inteligentes para el beneficio de la misma. Al igual que el caso de Charles Whitman en 1963, quien segó la vida de unas 14 personas dentro de un espacio de 90 minutos sin aparente razón, muchos de los reconocidos sociópatas, sicópatas, provienen de una infacia donde el juego era casi inexistente. Si consideramos que nuestra sociedad está enferma (mental y socialmente), muy bien podría tener su raíz en varias generaciones de formación donde el juego y la libertad en nuestros niños se ha suprimido. Es inútil ir en contra de la naturaleza, ¡dejémos que nuestros niños jueguen!, es su esencia. Jugando Es que Aprenden.

A_Amador

Antonio E. Amador, junto a su esposa Mari Luce Fernández, es propulsor de la educación Sudbury en Puerto Rico.